Un día como hoy, los músicos están de plácemes y el resto de la población deberíamos estar agradecidos de que éstos existan.  Porque todos, sin excepción, tenemos contacto directo o indirecto con la música a diario o, mínimo, en algún momento de nuestra vida.  Claro, algunos en mayor y otros en menor grado.  La música educa, enaltece, entretiene, complementa, inspira y hasta tiene el potencial de ser terapia curativa.  Por lo tanto, sus creadores, exponentes y artífices, a lo largo de la humanidad, han sido piezas fundamentales en el desarrollo del ser humano sin importar los niveles sociales o trasfondo cultural.

Desde que nacemos estamos expuestos a escuchar música y, sin entrar en los criterios de apreciación sobre la calidad, igual es un manifiesto de la cultura, idiosincrasia y hasta una demostración de cambios sociales a través de las diferentes generaciones.  La música se debe valorar, proteger y promover.  Por ende, debemos buscar la manera de presentarla a nuestros niños desde etapas tempranas.

Ojalá viviéramos en un mundo ideal donde los gobiernos invirtieran más en la formación musical como parte de un currículo moderno e interactivo.  Pero lamentablemente muy pocas escuelas poseen un programa de bellas artes en los que se incluye la enseñanza de algún instrumento.  Los padres que pueden sufragar los gastos de clases privadas para sus hijos no son la mayoría y así, es como vemos frustrarse el anhelo de muchos niños y jóvenes que quisieran aprender música.  Asimismo, es triste conocer personas con preparación académica en música y que vean su sueño de enseñar frustrado porque no hay mucha oportunidad de empleo en esta área.

El que se reconozca la fecha del 22 de noviembre como el Día Mundial de la Música, fue debido a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) quien así lo estableció en honor a Santa Cecilia. Esta última, fue declarada por el Papa Gregorio XIII como la Patrona de los Músicos, en 1584.

Santa Cecilia Tríos y Boleros
Relieve en mármol de la santa Cecilia de Roma. Balthasar Schmitt, Roma 1892

Necesitamos más músicos alrededor del mundo para tener música más cerca de nuestras vidas.  La música se creó para expresar, sentir, celebrar, para el movimiento corporal y sin duda alguna para darle color a momentos especiales.  La música que ponemos al bebé desde antes de nacer, la música infantil en el proceso de enseñanza, la banda sonora de una película para darle más emoción a la imagen, el vals de los quince años, la marcha nupcial camino al altar y, por qué no decirlo, hasta la música que algunos escogemos para que nos acompañe en el trayecto hacia nuestra última morada.

Felicito a todos los músicos en su día y, de manera muy especial, aquellos que lo dan todo y sacrifican de su dinero y tiempo para intentar mantener viva la música enseñándole a otros tan importante rama del arte.