Somos gregarios por naturaleza y por lo tanto el objetivo debería ser el bien común. Estamos a punto de recibir una nueva década y como mínimo, debemos provocar la reflexión de hacia dónde nos estamos dirigiendo como individuos, como ciudadanía, como país, en fin… como humanidad. Los males así como las enfermedades no son exclusivos de un país u otro. En mayor o menor grado todos los países tienen sus propias crisis sociales, económicas, humanitarias y otras que, a veces, no solo son causadas por el hombre sino por la propia naturaleza.

Debemos comprender que siempre habrá partidos políticos contaminados con políticos partidos (quebrantados); que habrá religiones con líderes cristianos que lideran sin Cristo; que las redes sociales causan enredos en la sociedad; que queremos desarrollar libres pensadores, pero hay más pensadores que libres; que la llegada del hombre a la luna fue un gran paso para la humanidad, pero vivimos sin humanidad en la tierra o que todos vivimos en un mismo lugar llamado Planeta Tierra, pero que lo estamos destruyendo.

Diache, ¿tendrá esto solución? Yo escojo creer que sí, pero no me engaño pensando que será fácil o algo a corto plazo. ¿Puedo yo sola cambiar el Mundo? Jamás. Por ende, aun con todos mis defectos prefiero enfocarme en aquello que sí puedo hacer: empezar desde mi propio interior. ¿Saben por qué? Porque la maldad se hace camino poco a poquito y disfruta viendo como carcome nuestro espíritu para llevarnos al conformismo y pensar que ya todo está perdido. Si permitimos que la desesperación, decepción, incertidumbre, frustración, falta de fe o el enojo nos gobierne, perderemos inevitablemente la motivación y la esperanza de un mejor porvenir.  Por eso estoy convencida de que aportaremos al «todo» si aprendemos a comenzar de la «nada».

Todo cuenta como un paso si la dirección es la correcta. Por ejemplo, cuidar la salud, perdonar, alejarnos de personas tóxicas, darle vida al jardín, leer un libro, cambiar las cortinas, dar más amor, visitar al enfermo, elevar una oración, cantar una canción, fumar o beber (alcohol) menos, mojarnos bajo la lluvia, convivir más en familia o, aunque parezca algo absurdo, llorar para sacar afuera ese dolor reprimido y así limpiar el alma. Entendamos que no somos perfectos y por lo tanto siempre habrá espacio para mejorar.

Opto por dejar el pesimismo a un lado y aceptar que no todo es malo o está perdido. Hay políticos buenos, hay líderes cristianos buenos, las redes sociales sirven de mucho para adelantar las buenas causas y fomentar sanas relaciones de amistad y los seres humanos podemos aprender a vivir mejor como humanidad y proteger más el Planeta Tierra. Las buenas noticias son más es que hacen menos ruido porque así lo hemos permitido.

No dejemos que la maldad siga triunfando porque hemos dejado de creer en nosotros mismos cuando es precisamente ahí, donde radica nuestro mayor poder. Eduquémonos de forma constante y en variados temas, ejerzamos el derecho al voto con sabiduría analizando a los líderes conforme a la realidad de sus propuestas y no la venta de sueños para entretener las gradas con palabras que suenan filosóficas o bonitas.

Respetemos la diversidad en todas sus expresiones porque jamás existirán dos seres humanos cien por ciento iguales. Valoremos el aporte de la Iglesia a la sociedad participando de aquella que nos permita tener una relación con Dios y no una religión que se crea Dios. Aceptemos nuestras debilidades para poder entonces identificar nuestras fortalezas y cambiar el destino a nivel individual y colectivo. Demos más de lo que cuesta menos para que el dinero no controle las buenas acciones.

En mi proceso de reflexión, se hace inevitable no recordar a mi padre. Un hombre que viviendo en rectitud me demostró que la clave de todo es la enseñanza (no con palabras, sino con el ejemplo) de principios y valores éticos y morales para vivir con respeto. Primero como individuos y luego como parte de una sociedad. Comencemos en nuestro hogar, nuestro barrio o comunidad y veremos cómo, al igual que lo hace el mal poco a poquito, el bien ganará terreno en cantidades inimaginables. De esta manera, sacaremos lo mejor como personas para lograr lo mejor como país. Algo, por pequeño que sea, podemos hacer.

Deseo que este año 2020 los colme de bendiciones.  Pero especialmente, de positivismo y la más fuerte energía para CREER, para VIVIR y para jamás dejar de buscar la FELICIDAD. Deseo que haya más de lo bueno, para que lo bueno siempre sea más.

Un abrazo del alma.
Iris Yolanda Cintrón